30/6/08

El hombre misterioso que jamás dijo una palabra.

Sin cultura y sin lamentos, nunca conocí una persona con tan peculiar. Nunca maldecía, todo pasaba por su lado como si nada lo afectara, nunca pensaba mal, incluso ni en el buen desear esa persona razonaba.

No hizo daño, no hizo el bien, no hizo exactamente nada en el transcurso de su vida. No mejoro ni empeoro la rutina de este mundo. Nunca reclamo las maldades de las demás personas, incluso sabiendo el mal que le ocasionaban a él.

No pensó en hacer daño a aquel que le ofendiera, no genero riqueza para fortalecer sus bienes patrimoniales, tal vez por que en realidad y a fin de cuentas nunca los tuvo, no como uno quisiera. No pensó en vicios, dinero ni mujeres. No sugirió evitar el lamento de su compatriota mientras la guerra interna lo consumía, menos intento sorber al mundo en un par de tazas de café o algún te especial.

No consumió ningún alimento que no procediera directamente de la naturaleza, menos llego a probar algún enervante que le ocasionara algún tipo de estimulación o alteración a su estado natural.

Me atrevo a pensar que jamás llego a imaginar lo tanto que llegaría a impresionarme su actitud ante la vida, y menos pensó lo mucho que influiría en la mía.

Sí, así fue aquel hombre, lleno de delirios y tranquilidad. Así fue aquel hombre, el hombre misterioso que jamás dijo una palabra.

Seguramente algo se traía el tipo, el problema es que nunca sabré que tan elocuentes eran aquellas palabras que jamás dijo.

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